Cartas a un yo futuro
Si pudiera escribirle una carta a la persona que seré mañana, quizá empezaría con una pregunta sencilla: «¿Cómo estás de verdad?». No preguntaría primero qué has logrado ni cuánto te falta para llegar adonde soñábamos. Quisiera saber si todavía encuentras momentos para respirar con calma. Si puedes sentarte en silencio sin sentir que estás perdiendo el tiempo.
Javier Becerra
9/26/20262 min read


Cartas a un yo futuro
Si pudiera escribirle una carta a la persona que seré mañana, quizá empezaría con una pregunta sencilla: «¿Cómo estás de verdad?». No preguntaría primero qué has logrado ni cuánto te falta para llegar adonde soñábamos. Quisiera saber si todavía encuentras momentos para respirar con calma. Si puedes sentarte en silencio sin sentir que estás perdiendo el tiempo.
Después tendría que ser honesto contigo. Te diría que hoy tengo dudas. Que a veces confundo el movimiento con el rumbo y lleno mis horas de ocupaciones para no enfrentar ciertas preguntas. Hay decisiones que pospongo por miedo a equivocarme. Hay palabras que guardo por temor a no ser comprendido. No sé si, para cuando leas esto, habré encontrado el valor de decirlas.
Me gustaría preguntarte qué fue de nuestros deseos. ¿Sigues defendiendo aquello en lo que creíamos o lo fuiste dejando para un día menos complicado? Si cambiaste de opinión, espero que haya sido porque aprendiste algo, no porque te cansaste de escuchar tu propia voz. También espero que hayas tenido la libertad de abandonar algún sueño que ya no era tuyo.
No te escribo para exigirte que seas una versión perfecta de mí. Sé que cargarás con errores que hoy todavía no puedo prever y con pérdidas que desearía evitarte. Ojalá no te hayas vuelto cruel contigo por ninguna de ellas. Cuando algo salga mal, recuerda que reconocerlo, pedir perdón y volver a empezar también son maneras de crecer.
Quisiera dejarte una petición pequeña: no pases de largo ante lo que amas. Llama a las personas queridas mientras puedas. Mira el cielo de vez en cuando. Lee por el placer de descubrir una idea, no solo para tener algo que decir. Conserva un espacio en tus días donde no tengas que demostrar nada.
Tal vez esta carta no llegue nunca a tus manos. Tal vez mañana la vida nos encuentre demasiado ocupados para recordar lo que hoy importa. Por eso la escribo ahora. Para dejar constancia de que, incluso en medio de mis incertidumbres, deseo cuidarte.
Y si algún día vuelves la mirada hacia este momento, no me juzgues solo por lo que no conseguí. Recuerda que desde aquí hice lo que pude con lo que sabía. Espero que tú hayas aprendido a hacer lo mismo: vivir con honestidad, corregir el camino cuando sea necesario y mantener encendida, aunque sea en voz baja, la esperanza.
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