La empatía como acto subversivo

La empatía también requiere honestidad. Escuchar a otro no nos obliga a justificar el daño que haya causado ni a renunciar a nuestros límites. A veces comprender una situación nos ayuda precisamente a responder con más claridad y firmeza. Nos permite distinguir entre una persona y sus actos, entre el deseo de ayudar y la necesidad de protegernos.

Javier Becerra

9/26/20262 min read

La empatía como acto subversivo

Vivimos rodeados de opiniones rápidas. Basta una frase, una imagen o un error para decidir quién merece nuestra atención y quién puede ser descartado. La indiferencia resulta cómoda: nos permite seguir adelante sin detenernos ante el dolor ajeno. En ese ambiente, intentar comprender a otra persona puede parecer un gesto pequeño. A veces es una forma de desafiar la manera en que hemos aprendido a vivir.

Comprender exige tiempo. Significa escuchar una historia antes de reducirla a una etiqueta; preguntarnos qué experiencias hay detrás de una conducta que no entendemos. No siempre cambiaremos de opinión. Podemos escuchar con atención y seguir en desacuerdo. Pero incluso entonces habremos reconocido que frente a nosotros hay alguien con una vida tan compleja como la nuestra.

Ese reconocimiento puede comenzar en lo cotidiano. En casa, cuando dejamos que alguien termine de hablar antes de preparar nuestra respuesta. En el trabajo, cuando preguntamos qué sucede antes de llamar irresponsable a un compañero. En la calle, cuando miramos a una persona que necesita ayuda sin fingir que es invisible. Ninguno de estos gestos resuelve por sí solo una injusticia, pero cada uno modifica la relación que tenemos con quienes nos rodean.

La empatía también requiere honestidad. Escuchar a otro no nos obliga a justificar el daño que haya causado ni a renunciar a nuestros límites. A veces comprender una situación nos ayuda precisamente a responder con más claridad y firmeza. Nos permite distinguir entre una persona y sus actos, entre el deseo de ayudar y la necesidad de protegernos.

Hay algo profundamente transformador en sentirse escuchado. Quien encuentra un espacio para contar su historia puede descubrir palabras para nombrar lo que le ocurre. Quien escucha puede reconocer un miedo, una pérdida o una esperanza que antes le eran ajenos. De ese encuentro nacen conversaciones más difíciles y más necesarias: sobre la soledad, la desigualdad, los prejuicios y las heridas que una comunidad prefiere ignorar.

Elegir la empatía frente a la indiferencia es un acto subversivo porque nos impide pasar por el mundo sin mirar. Nos pide hacernos responsables de lo que vemos, aunque nuestra respuesta sea modesta. Quizá no podamos cambiar de inmediato la realidad de todos. Pero sí podemos transformar el espacio que compartimos con alguien: ofrecerle atención, tratarlo con dignidad y dejar abierta la posibilidad de entendernos.